La escultura de Fernando Botero cayó del tercer al segundo piso del Museo Nacional de Colombia. La pieza no se partió, pero sufrió daños en el ala izquierda y ahora será sometida a una evaluación especializada.
La Paloma de la Paz, una de las esculturas más representativas del legado de Fernando Botero en Colombia, sufrió un accidente este miércoles en el Museo Nacional de Colombia, en Bogotá.
La obra, realizada en bronce y de aproximadamente 70 centímetros de altura, cayó desde el tercer piso hasta el segundo dentro del museo. Aunque el impacto no provocó que la escultura se partiera, sí ocasionó daños en su ala izquierda.
La pieza fue retirada del lugar y trasladada a un depósito, donde permanecerá mientras especialistas determinan el alcance de las afectaciones y las condiciones necesarias para su recuperación.
El accidente vuelve a poner en el centro de la atención una obra que tiene un significado que trasciende lo artístico. Desde que Fernando Botero la entregó al Estado colombiano en 2016, la escultura se convirtió en uno de los símbolos asociados al proceso de paz que se desarrollaba en ese momento.
¿Cómo ocurrió la caída?
Las primeras informaciones conocidas indican que una estudiante de Licenciatura en Educación Artística se encontraba visitando el Museo Nacional y se acercó a la escultura para tomarse una fotografía.
Según el reporte de El Reporte Coronell, citado por medios de comunicación, la estudiante habría golpeado accidentalmente el pedestal sobre el que estaba instalada la obra.
El movimiento habría provocado que la escultura perdiera estabilidad y terminara cayendo desde el tercer piso hacia el segundo. Esta versión corresponde a los reportes conocidos sobre el accidente y deberá ser establecida por las autoridades y responsables del museo.
Hasta ahora, la información disponible apunta a un hecho accidental y no a una acción deliberada contra la obra.
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La escultura resistió el impacto
A pesar de la altura desde la que cayó, la Paloma de la Paz no se partió.
La estructura principal de la pieza permaneció completa, aunque se identificaron daños en el ala izquierda.
Este aspecto será uno de los principales puntos de análisis para los especialistas encargados de revisar la obra. En una pieza artística de estas características, una afectación visible puede requerir una evaluación más profunda para establecer si existen daños estructurales o si la intervención puede concentrarse en una restauración localizada.
Por ahora, el museo mantiene la escultura bajo resguardo mientras avanza el proceso de valoración.
El diagnóstico permitirá determinar cuáles serán los siguientes pasos y si será necesario realizar trabajos de restauración antes de que la obra pueda volver a estar expuesta al público.
Una obra creada para hablar de paz
La historia de la escultura se remonta a 2016.
Ese año, Fernando Botero decidió donar al Estado colombiano la obra como un gesto de respaldo al proceso de paz que adelantaba el gobierno de Juan Manuel Santos con las Farc.
La escultura fue presentada como un símbolo de esperanza y apoyo a la búsqueda de un acuerdo que pusiera fin a décadas de conflicto armado.
Botero hizo llegar la obra desde Italia y esta fue instalada inicialmente en la Casa de Nariño, donde permaneció durante parte del gobierno de Santos.
La elección de una paloma como figura central no fue casual. El animal se ha asociado históricamente con la paz y, en este caso, la obra quedó vinculada directamente con uno de los momentos políticos más importantes de Colombia en las últimas décadas.
La Paloma de la Paz ha cambiado varias veces de lugar
La historia reciente de la escultura también está marcada por los diferentes lugares donde ha sido instalada.
Después de permanecer en la Casa de Nariño durante el gobierno de Santos, la obra fue trasladada al Museo Nacional en 2018. La intención era que pudiera ser apreciada por un público más amplio.
En 2022, durante el comienzo del gobierno de Gustavo Petro, la escultura regresó a la Casa de Nariño.
En ese momento fue ubicada cerca del Salón Gobelinos, acompañada por otras piezas artísticas. Petro explicó entonces que buscaba que el patrimonio artístico presente en el Palacio pudiera estar más cerca de la ciudadanía.
Pero el recorrido de la escultura volvió a cambiar este año.
En julio de 2026, durante la transición hacia el nuevo gobierno, la Paloma de la Paz fue retirada de la Casa de Nariño y trasladada nuevamente al Museo Nacional bajo un protocolo especial debido a su valor artístico y patrimonial.
Fue allí donde ocurrió el accidente.
Una pieza con valor artístico y simbólico
El incidente no solo representa un reto para los encargados de conservar la obra.
La Paloma de la Paz tiene un valor especial dentro del patrimonio artístico colombiano porque combina la trayectoria internacional de Fernando Botero con uno de los acontecimientos políticos más importantes del país.
La escultura fue realizada en bronce, está pintada de blanco y tiene el pico dorado. Sus dimensiones relativamente pequeñas contrastan con el peso simbólico que adquirió desde su llegada a Colombia.
Con el paso de los años, además, la pieza se convirtió en parte del debate público alrededor de la memoria del proceso de paz.
Sus diferentes traslados entre la Casa de Nariño y el Museo Nacional coincidieron con cambios de gobierno y distintas formas de relacionarse con el símbolo que representa.
Ahora comienza el proceso de recuperación
Tras el accidente, la prioridad será establecer exactamente qué daños sufrió la obra.
La escultura permanecerá bajo custodia mientras especialistas realizan una evaluación de conservación.
Este procedimiento será fundamental para determinar si el ala afectada requiere una reparación específica, una intervención más profunda o algún otro tratamiento de restauración.
El hecho de que la pieza no se haya partido facilita su conservación, aunque no permite establecer por sí solo la magnitud de los daños.
Los especialistas deberán determinar el estado del bronce y de los puntos de unión o soporte afectados por el impacto antes de definir cualquier intervención.
El accidente también deja una discusión sobre la protección de las obras
El caso abre además una conversación sobre las medidas de seguridad necesarias para proteger piezas de alto valor patrimonial dentro de los museos.
La circulación de visitantes alrededor de una obra debe permitir que el público pueda apreciarla, pero también garantizar que un contacto accidental no termine provocando daños.
En este caso, los reportes indican que el acercamiento de una visitante al pedestal habría desencadenado la caída.
Por ello, además de restaurar la escultura, las autoridades del museo tendrán que evaluar las condiciones de exhibición y las medidas que puedan evitar que situaciones similares vuelvan a ocurrir.
La Paloma de la Paz espera su restauración
La caída de la escultura marca un nuevo capítulo en la historia de una obra que ha pasado por distintos escenarios de la vida pública colombiana.
Fue creada por Fernando Botero como un gesto de respaldo al proceso de paz, estuvo en la Casa de Nariño, pasó por el Museo Nacional, regresó al Palacio presidencial y volvió nuevamente al museo.
Ahora enfrenta un proceso de conservación después de sufrir daños en una de sus alas.
El siguiente paso será conocer el diagnóstico de los especialistas y establecer cómo se recuperará la pieza.
Mientras tanto, la Paloma de la Paz permanecerá protegida y fuera de exhibición, a la espera de que los expertos determinen cómo devolverle las condiciones necesarias para que pueda volver a ser apreciada por el público.
La escultura no quedó destruida tras la caída, pero su recuperación requerirá un proceso cuidadoso debido al valor artístico, histórico y simbólico que representa para Colombia.
