La NASA convirtió en una película espacial el despertar de un volcán que llevaba siglos dormido

Satélite NISAR registra avance de lava del volcán Krasheninnikov en Kamchatka

El satélite NISAR permitió observar desde el espacio la evolución de la lava del volcán Krasheninnikov durante varios meses.

El Krasheninnikov, en la península rusa de Kamchatka, volvió a presentar actividad después de unos 475 años. El satélite NISAR siguió durante meses el avance de la lava y convirtió sus imágenes en una secuencia que permite observar la transformación del volcán desde el espacio.

Hay fenómenos naturales que pueden permanecer ocultos durante siglos y reaparecer en cuestión de días. Eso fue lo que ocurrió con el volcán Krasheninnikov, ubicado en la remota península de Kamchatka, en Rusia, cuya última erupción conocida se remontaba aproximadamente a 1550.

Después de cientos de años de relativa tranquilidad, el volcán volvió a entrar en actividad en agosto de 2025. Ahora, más de un año después, la NASA presentó una secuencia de imágenes obtenidas desde el espacio que permite observar cómo la lava fue modificando progresivamente el paisaje.

Las imágenes fueron captadas por NISAR, una misión desarrollada conjuntamente por la NASA y la Organización de Investigación Espacial de la India (ISRO). El satélite utiliza radar de apertura sintética para observar cambios en la superficie terrestre y puede hacerlo incluso en condiciones en las que los instrumentos ópticos tienen dificultades.

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Un volcán que llevaba siglos sin actividad

El Krasheninnikov forma parte de un complejo volcánico ubicado en la costa del Pacífico de la península de Kamchatka, una de las regiones del planeta con mayor actividad volcánica.

El registro histórico y geológico indica que su actividad eruptiva anterior se produjo alrededor del año 1550. Por eso, cuando volvió a presentar señales de actividad en 2025, se convirtió en un caso especialmente interesante para los investigadores.

De acuerdo con el Programa Global de Vulcanismo del Instituto Smithsonian, la erupción actual comenzó el 2 de agosto de 2025, cuando se registraron explosiones de ceniza desde el cráter del cono norte. También se identificó una fisura por la que comenzó a salir lava.

La actividad llegó a producir columnas de ceniza que alcanzaron varios kilómetros de altura y provocó cambios visibles en los alrededores del volcán.

NASA también documentó que el episodio comenzó pocos días después de un potente terremoto de magnitud 8,8 ocurrido frente a la costa de Kamchatka el 30 de julio de 2025. La agencia ha señalado que el sismo aparentemente pudo haber contribuido al despertar del volcán, aunque la relación entre ambos fenómenos debe entenderse dentro de la complejidad de los procesos volcánicos.

El satélite que comenzó a seguir la lava

Uno de los aspectos más llamativos del caso es que el satélite NISAR comenzó a observar el volcán prácticamente desde el inicio de su etapa operativa.

Desde aproximadamente 747 kilómetros sobre la superficie terrestre, el satélite obtuvo su primera imagen del Krasheninnikov el 25 de diciembre de 2025. Posteriormente regresó de manera periódica sobre la misma zona para registrar los cambios.

NISAR realiza observaciones desde diferentes direcciones orbitales y utiliza tecnología de radar de apertura sintética, conocida como SAR.

A diferencia de una fotografía convencional, este sistema permite analizar la superficie terrestre mediante señales de radar. Esto resulta especialmente útil para estudiar zonas remotas y seguir modificaciones del terreno asociadas con volcanes, terremotos, deslizamientos y otros fenómenos naturales.

En este caso, la información permitió construir una especie de película científica del proceso eruptivo.

Diecisiete imágenes muestran cómo avanzó la lava

Los investigadores seleccionaron 17 imágenes obtenidas hasta mediados de agosto de 2026 y las organizaron cronológicamente.

El resultado muestra la evolución del campo de lava desde diciembre de 2025 hasta agosto de 2026.

En las primeras imágenes, la lava aparece concentrada alrededor de una zona interior del volcán. Con el paso de los meses, el material volcánico fue llenando esa caldera y posteriormente comenzó a desbordarse hacia un cráter más amplio.

La secuencia también permite observar cómo el flujo se extendió progresivamente hasta adquirir una forma similar a un abanico. El desplazamiento predominante del material fue hacia el este.

Más que una fotografía aislada de una erupción, las imágenes permiten entender cómo el paisaje fue cambiando con el tiempo.

Ese seguimiento es precisamente uno de los objetivos que los científicos buscan fortalecer mediante misiones de observación terrestre como NISAR.

¿Por qué es importante observar un volcán desde el espacio?

El seguimiento satelital puede ser especialmente importante en regiones donde acceder físicamente al volcán resulta complicado.

Kamchatka cuenta con numerosos volcanes activos y algunos son monitoreados mediante instrumentos instalados en tierra. Sin embargo, un sistema como NISAR permite obtener información desde una distancia segura y cubrir extensas zonas de la superficie.

La NASA destaca que las observaciones repetidas del satélite pueden ayudar a estudiar la evolución de amenazas naturales y, potencialmente, aportar información útil para la respuesta ante emergencias.

En el caso del Krasheninnikov, la ventaja es todavía más evidente debido a la distancia y las condiciones de la región.

El radar puede seguir obteniendo información sobre la superficie sin depender exclusivamente de las condiciones de iluminación que necesitaría un sensor óptico convencional.

El terremoto que ocurrió días antes

Uno de los interrogantes que rodean esta erupción es la posible relación con el terremoto de magnitud 8,8 ocurrido el 30 de julio de 2025.

El sismo fue uno de los más fuertes registrados mediante instrumentos sísmicos modernos y ocurrió frente a la península de Kamchatka.

NASA ha encontrado indicios de deformación de la superficie del volcán después del terremoto y antes de la erupción. Datos obtenidos mediante técnicas de radar mostraron desplazamientos compatibles con procesos asociados al movimiento del magma hacia zonas cercanas a la superficie.

Sin embargo, esto no significa que cualquier terremoto de gran magnitud pueda provocar automáticamente una erupción.

Los volcanes responden a procesos internos complejos y, para que un sismo desencadene actividad, deben existir condiciones particulares dentro del sistema volcánico.

Por eso, los científicos consideran el caso del Krasheninnikov especialmente interesante para estudiar la relación entre actividad sísmica y procesos volcánicos.

Lo que viene, te lo contamos en redes.

Una ventana al comportamiento de los volcanes

La importancia de las imágenes obtenidas por NISAR va más allá de este volcán ruso.

La misión fue diseñada para estudiar cambios en la superficie terrestre y tiene aplicaciones que incluyen terremotos, volcanes, deslizamientos y otros fenómenos capaces de transformar rápidamente el terreno.

En el caso del Krasheninnikov, la posibilidad de observar repetidamente la misma zona permitió pasar de una imagen estática a una reconstrucción temporal del fenómeno.

El resultado muestra algo que desde tierra sería difícil apreciar con la misma perspectiva: cómo una corriente de material volcánico puede expandirse lentamente y transformar el paisaje durante meses.

Para los científicos, esa continuidad es fundamental.

Matthew Pritchard, geofísico de Cornell y miembro del equipo científico de NISAR, destacó que la capacidad de realizar observaciones repetidas en alta resolución y desde diferentes direcciones demuestra el potencial de la misión para estudiar amenazas naturales.

Un volcán que volvió a ser observado después de siglos

El Krasheninnikov pasó aproximadamente cuatro siglos en silencio antes de volver a presentar actividad eruptiva.

Ahora, gracias a la tecnología satelital, los investigadores cuentan con un registro detallado de cómo evolucionó su campo de lava durante varios meses.

La secuencia de NISAR no solo muestra el despertar de un volcán que llevaba generaciones sin actividad conocida. También evidencia cómo la observación de la Tierra desde el espacio está cambiando la manera de estudiar fenómenos que antes solo podían analizarse desde estaciones terrestres, sobrevuelos o imágenes tomadas ocasionalmente.

El volcán permanece así como un laboratorio natural para la ciencia: un territorio remoto, transformado por fuerzas internas de la Tierra y observado desde cientos de kilómetros de altura.

La historia del Krasheninnikov todavía tiene preguntas abiertas, pero sus imágenes ya dejaron una evidencia clara: después de casi cinco siglos de quietud, el volcán volvió a transformar el paisaje y esta vez el proceso quedó registrado desde el espacio.

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